LOS NIÑOS TAMBIÉN DEBEN ASUMIR RESPONSABILIDAD
No, no es cruel.
Cruel es mentirles.
Cruel es enseñarles que si tienen cara de “pobrecito”
el daño desaparece mágicamente.
Cruel es convertir la compasión en una excusa
para borrar consecuencias.
Porque responsabilidad no es castigo.
Responsabilidad es reconectar el acto con la realidad.
El problema real
Cuando un niño roba, miente o daña, y el adulto dice:
“No pasa nada, es chiquito.”
No está protegiendo.
Está rompiendo el puente entre acción y consecuencia.
Y cuando ese puente se cae, nace algo peor que la culpa:
la impunidad con rostro inocente.
El error cultural que nos tragamos
El Chavo del Ocho no es solo humor.
Es una pedagogía emocional que normaliza esto:
El que tiene hambre no responde por lo que hace.
El que sufre no debe reparar.
El que pone límites es el villano.
Eso no es empatía.
Eso es romantizar la irresponsabilidad.
Y lo más grave:
le quita agencia a los pobres,
como si fueran incapaces de elegir, de pedir, de decir la verdad.
Eso también es prejuicio.
La verdad incómoda
La compasión no borra el daño.
El dolor no convierte el error en virtud.
Acompañar no es encubrir.
Amar no es esconder.
Educar no es borrar consecuencias.
Nombrar el daño es respetar la dignidad.
Porque solo quien puede responder por sus actos
puede llamarse íntegro.
Frase final
No enseñar responsabilidad no es bondad.
Es una forma lenta y elegante de sabotear a alguien.
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