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¿Sabían que el término "oni" originalmente no se refería a los ogros con cuernos que conocemos hoy, sino a espíritus invisibles y amorfos?
La etimología de la palabra oni se deriva de la lectura on-yomi del carácter chino "on" (隠), que significa "ocultar" o "esconderse". Durante el periodo Heian (794-1185), los oni eran concebidos como entidades espirituales invisibles responsables de desastres naturales, enfermedades y desgracias, basándose en la creencia de que estos seres acechaban en los límites de la percepción humana.
La apariencia icónica del oni —piel roja o azul, cuernos y taparrabos de piel de tigre— es un desarrollo posterior influenciado por la cosmología budista y la geomancia china (Onmyōdō). Según esta tradición, la dirección noreste es conocida como la "Puerta del Demonio" (Kimon), asociada con los signos del zodiaco del Tigre (piel de tigre) y el Buey (cuernos), lo que terminó definiendo la anatomía visual de la criatura en el imaginario popular.
Históricamente, estos seres pasaron de ser espíritus abstractos a convertirse en los guardianes y torturadores del Jigoku (infierno budista), bajo el mando de Enma Daiō, el juez de los muertos. A pesar de su naturaleza violenta, en diversas regiones de Japón se les rinde culto como deidades protectoras capaces de ahuyentar otros males, demostrando la dualidad espiritual que caracteriza al folclore japonés.
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