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¿Sabían que la figura del mago de la corte en la Edad Media no era la de un hechicero fantástico, sino la de un erudito polifacético cuya función principal era la de asesor científico, astrónomo y médico personal del monarca?
Desde una perspectiva histórica, estos personajes solían ser clérigos o sabios formados en las artes liberales. Su función más crítica era la astrología judicial: el análisis de la posición de los astros para determinar el momento propicio para iniciar una batalla, firmar un tratado o realizar una coronación. En una época donde la política y el destino se consideraban regidos por el orden cósmico, el mago actuaba como un analista de datos celestes que minimizaba la incertidumbre del gobernante.
Muchos de estos conocimientos provenían de la traducción de textos árabes en lugares como la Escuela de Traductores de Toledo. Personajes históricos reales, como Miguel Escoto en la corte de Federico II Hohenstaufen, eran expertos en matemáticas y alquimia (precursora de la química). Su labor consistía en transformar la materia, estudiar la botánica para crear medicinas y, ocasionalmente, diseñar ingenios mecánicos o autómatas para impresionar a las visitas extranjeras, consolidando la imagen de poder y sabiduría del reino a través del conocimiento.
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