Filosofía de la Pelea: Por qué el Conflicto es el Motor que te Despierta
La idea de que vivir en paz y armonía perpetua es el estado ideal del ser humano es, científicamente hablando, un cuento de hadas que nos mantiene estancados. El cerebro humano no evolucionó para la comodidad, sino para la resolución de problemas, y el conflicto es la señal de alerta que le indica al sistema que algo debe cambiar. A nivel de neurociencias, cuando te enfrentas a un desacuerdo o a una pelea bien dirigida, la amígdala activa una respuesta de alerta que inunda el cuerpo con cortisol y adrenalina, pero es la corteza prefrontal la que, si no te dejas llevar por el instinto básico, se ve obligada a realizar una reevaluación cognitiva para encontrar soluciones que antes no existían.
Históricamente, la sociología del conflicto, con figuras como Lewis Coser, ha demostrado que el conflicto interno en los grupos funciona como un mecanismo de cohesión y ajuste de normas. Sin el choque de ideas, los sistemas sociales se vuelven estáticos y mueren por falta de innovación. Un buen enfrentamiento y choque de opiniones obliga a las partes a exponer datos, establecer límites saludables y, sobre todo, a abandonar la pasividad que genera la ceguera de taller. En la psicología, sabemos que evitar el conflicto no soluciona el problema, solo lo guarda en un cajón hasta que explota; en cambio, el conflicto constructivo permite que la presión salga de forma controlada, obligando a los involucrados a desarrollar empatía real y habilidades de negociación que el consenso barato jamás alcanzaría. La lucha, ya sea de ideas o de posiciones, es lo que genera la síntesis necesaria para que la cultura y el pensamiento individual avancen un peldaño más en la escala evolutiva.
Alex Blackwood, filosofa urbana
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